Desde Imaza, Provincia de Bagua - Su cuerpo estaba tieso en la cama hecha de cañas amarillas y gruesas. Las caras que lo rodeaban nos miraban. Chicos, mujeres, y hombres estaban sentados a su alrededor. Cuando entramos nos miró con tranquilidad y alivio, como si desde hacía tiempo nos estuviese esperando. Nosotros habíamos tenido que caminar una hora desde Imaza por la densa selva, para llegar a al lado de un pequeño río donde estaba esta cabañita, con sus paredes hecha de cañas y su techo de hoja de un tipo de palmera. En el interior, la casa tenía un lugar más grande donde estaba tendido nuestro entrevistado y otro recinto más allá que parecía una cocina. En la pared de madera que separaba ambos espacios dibujos hechos con carbón, mostraban una mazorca de maíz, y caras humanas.
El hombre, cansado, de cara pálida había seguido toda nuestra llegada, y con una seña les dijo algo a las personas que lo rodeaban. Entonces dos de sus familiares se acercan y lo ayudan a sentarse en la cama, cuando lo levantan su cara se retuerce por el dolor. Cuando logra sentarse su cara se enrudece nuevamente y sus ojos retoman el oscuro color con el que nos recibieron. Sin preguntarnos quienes somos comienza: “mi nombre es Revilla Yampis Ankuas, igualito les di a los militares, mi nombre, mis datos, a la DINOES también les di mi datos, no puedo negar mi nombre… Soy profesor de la Institución Educativa 16.579 de Kusu Chico, esta es mi comunidad, es pequeñita…”
La tensión de sus músculos aumenta con cada una de sus palabras, que salen de sus labios mientras su voz se prolonga como un soplido, tenue, que demuestra el esfuerzo que le causa. La situación no es fácil, Revilla se prepara para contarnos lo que le pasó hace tan solo dos días, cuando personas de la DINOES, lo detuvieron y lo torturaron en las cercanías de Estación 6, dos días después de que 13 de los policías que la custodiaban aparecieran muertos por los nativos.
La vida en la comunidad y el paro
- Yo llevo 25 años de tiempo de servicio, dentro de mi trabajo, como profesor y al mismo tiempo como director. Nunca he tenido algún mal en mi trabajo. Siempre he estado con mi comunidad, porque como le decía, mi comunidad es pequeña. Estuve ahí trabajando, arreglando el camino que tantos derrumbes tiene, limpiezas, después con el proyecto de picigranja, con este trabajito estuve yo con la comunidad… después cuando ya empezó el paro hemos acompañado… Yo permanecí en Estación 6, desde el 23 hasta el día sábado [6 de junio].
- ¿Como era la vida cotidiana en el campamento?
- En el campamento todos comían de los víveres que venían, del apoyo que nos daban en las poblaciones. Yuca más que todo venía, de parte de Río Marañón, de parte de Río Santiago… Mandaban masato preparado y con eso nos manteníamos. Había niños y mujeres también, que preparaban el masato y comidas. Nuestra tarea era dar seguridad mas que todo, que no halla ninguna persona extraña que echándonos culpas nos haga algún perjuicio. (…) La parte logística, que se dice, era la responsable de los alimentos. Las mujeres eran cocineras.
- ¿Los alimentos de donde provenían?
- Los alimentos que recibíamos eran plátanos mayormente, yuca, plátanos y masato, eso venía de adentro, de los mismos caseríos nos colaboraban, quintal de yucas… con eso nos manteníamos nomás
- ¿Como estaban ustedes ahí?
- Nosotros estábamos tranquilos. Con nuestra arma que dicen ellos, con nuestra lanza, que es hasta ahorita nuestro símbolo, nuestro dialogo que nosotros hacemos con nuestra lancita. Con eso nomás estábamos nosotros. No había ningún tipo de armamento de largo alcance.
- ¿Ustedes atacaban a la policía durante el paro?
- Todo lo contrario… La policía que se había escapado de la matanza fue auxiliada por la comunidad de Kusu Chico. La Comunidad de Kusu Chico encontró a los policías escapados, que andaba calato [perdidos], le dieron zapatos, botas, su truza y alimentos. Luego los trajeron a la carretera y los entregaron. Como Kusi Chico es una comunidad pequeña, no podemos actuar nosotros de alguna manera violenta. Claro que en el paro hemos sido participes, participamos, pero no con la intención de hacer un desorden
La detención
- ¿Que fue lo que le sucedió después del paro?
- Después de haber sucedido todo lo que había pasado [en Estación 6], yo simplemente estaba trasladando los alimentos, yuca, masatito. Llevaba de la Estación a Kusu Grande, pero como no había pase, me quede en Imacita, y de Imacita ya no podía regresar. El sábado temprano fue esto de que quería pasar, a mi casa quería pasar pero en el control de los militares [en Mesones Muro GAC Nº11] no me dejaron pasar, porque no había pase, entonces deje mi motito ahí en Mesones encargada a una persona y pase caminando a pie.
Llegué en mi casa, cuando había plena lluvia, esa misma lluvia usé en la acequia y me bañé y me cambié. Me fui a buscar un familiar que estaba ahí, porque estaban sin comida, y entonces encuentro a mi señora que venía a encontrarme. Mi señora estaba en mi comunidad, en Kusu Chico. la encuentro a la espalda de la escuela y entonces paré allí, un minuto o dos, me puse a conversar… entonces miro que a mis espaldas estaba rodeado.
Los policías se habían acercado conmigo, había aparecido uno nomás, pero al voltearme a mirar, vi que estaban rodeando la casa de mi primo hermano y otra casita mía, estaban ahí, con patadas abrieron la puerta, con patadas, entraban a ver si había armas. Cuando me llamó me acerque, y ahí era que me llevaron
- ¿Como fue bien eso?
- Un militar me llamaba, estaba parado con su arma… me llamó y me pregunto quién era el Apu, dije que el Apu todavía no se encuentra, que esta en su chacra. ‘Y el profesor?’ No me negué, dije que yo era el profesor de esa escuela, y me dijeron ‘usted nos va a acompañar’. ‘¿Para qué?’, les digo, ‘para que nos informes donde están los armamentos’ me responde. Desgraciadamente, le dije yo, no te puedo indicar dónde están los armamentos, no te puedo decir porque desconozco, yo estuve haciendo traslado de los alimentos, nada más, no estuve dirigiendo alguna cosa, nada… Entonces cuando digo eso, me dice ‘tú eres profesor tú has planeado todo con el Apu, tú eres el dirigente’, no, le digo. Y él me pregunta donde están los armamentos. No te puedo dar exactas razones, porque yo no conozco donde están los armamentos, le dije, pero sé que en Imacita, hay una señora que sabia que había dos armas que querían devolver, porque el comandante había ido a Imacita temprano, y nos reunió y nos sugirió devolverlas, para apoyar para que regrese todos este armamento perdido.
‘Suficiente’ me dijeron, ‘nos acompañas’. Me llevaron, de mi comunidad hasta la carretera, y en la carretera había mas militares. Ahí me esperaban, ahí nomás sin murmuraciones, decían hay que darle vuelta. Entonces tuve miedo y le dije a mi señora que me van a matar, nada más dije. Después me preguntaban, y me decían colabora, colabora, si no colaboras nosotros tampoco no colaboramos contigo. Ahí esperábamos la movilidad que según ellos decían venia de Estación 6. Esperamos y esperamos, hasta que vino una moto-taxi. Me embarcaron y también subió mi señora, y tres militares.
Íbamos hasta Estación 6, y en el camino cerca casi a la mitad del camino venía la camioneta de Petroperú, y en esa me trasladaron a la Estación 6. Entonces ahí, en el portón me ingresaron, me hacían ingresar y cuando ya entraba ahí, el vigilante me quería anotar mis nombres. No le hicieron caso, pero el vigilante me siguió, me siguió y me siguió, y se llevó mis datos.
- ¿Eso es en la estación 6 o en la casa de los ingenieros [ubicada unos 200 metros antes de la planta]?
- En casa de los ingenieros, adentro, en la oficina del ingeniero entramos. Había en esa casa grande, en toda la vereda, había militares. Lleno de militares. Decían ‘él es dirigente’, ‘ya sabemos’, ‘ya conocemos el es dirigente’ me decían. Mientras yo con este señor, con este militar que me llevó, caminaba hasta la oficina de Petroperú de Estación 6. Me acerque ahí. ‘Ya un ratito espéreme acá’, uno entró, el otro después, al ratito me dijo que pase.
Ingresando lo vi al jefe de los policías que estaban ahí. Sentados estaban, entre estas personas estaba el Sr. Fernando Urizar, el ingeniero. Él nos conoce a nosotros. Salude a todos, me dieron asiento, y me dijeron: ‘Habla, ¿para qué has venido? Habla’. Empecé a hablar, de porqué me llevaron, que llegaron a mi comunidad y me recogieron para manifestar, pero que ‘lo que tengo para manifestar es esto: desconozco donde están los armamentos, desconozco quienes son los que hicieron las victimas, desconozco.’ (…) Anotaron y después me dicen a ya contigo no hay nada, puedes regresar… hasta ahí fue normal…” Después de nombrar estas palabras sus ojos se pusieron rojos y tomaron profanidad, como si al pronunciar estas palabras, tomase conciencia de la dura cotidianeidad de abusos de las autoriades policiales, al mismo tiempo que fijase en lo desmesurado de lo que le pasó luego…
La tortura
- ¿Y que pasó después?
- Cuando estaba saliendo casi al portón, otra vez los militares me rodearon y me dicen ‘él es, él es, número 8, él es’. Yo tenía el número 8 en mi polo [camiseta]. Ya estaba avanzando yo, casi por salir, cerca a la puerta, y me dicen ‘queremos conversar un rato, queremos hacer unas preguntas’. Ese militar que me llevaba se paró también. Yo entonces les digo que yo hice mi manifestación, que para qué más preguntas, estoy saliendo. Y entonces me repiten que quieren conversar un rato, de frente vinieron cuatro policías… o militares no sé que eran ellos, no conozco bien. Ellos vinieron así calatos [directamente]. Me agarraron y me llevaron adentro a esa casa grande de Petroperú.
- ¿Conoces el nombre de alguna de esas personas que te llevo?
- No te puedo decir porque ellos directamente del helicóptero vinieron… Entonces ahí me ingresaron, ahí me mostraron en la cámara digital que tienen los secuestros que hicieron allí. Los muertos me mostraron ahi. En cada foto me golpeaban. ‘¿Dime quien es este?’. Y empezaban a golpearme.
- ¿Quién estaba al mando de ese grupo militar?
- …no puedo dar su nombre… son militares no lo sé.
- ¿Donde lo han golpeado específicamente?
- Patadas acá, en mi estomago. En mi pecho fuertes golpes, esos militares, tremendos militares que son, me dieron fuerte en mi pescuezo. Me agarraron y me levantaron del cuello, yo no sabía no se, no respiraba me botaban, cuando me daban puñetes en mi pecho me caía y me levantaba entonces me decían ah todavía te resistes carajo, mierda, me botaban por acá por mi estomago con patadas y ahí me echaban muerto, cuando no me levantaba todavía, entonces por que no te levantas si tu resistes caramba. Me agarraban del pelo y me levantaban hasta golpearme con puños y patadas me golpeaban.
- ¿Cuánto personal había en las instalaciones presentes?
- Más o menos como doscientos personales
- ¿Cuántos militares considera que lo estaban golpeando?
- Fueron tres, el resto estaban ahí mirando, el resto estaban afuera.
- ¿Y luego?
- Después de terminar todo esto, vendaron mis ojos y trajeron un balde de agua con heces. Cuatro veces hicieron meter mi cabeza. Hasta que como mi cuerpo no permitía entrar al fondo, me hicieron doblar mis brazos, me amarraron por la espalda, bien amarradas las manos, hasta que me cogieron bien para que mi cuerpo sea chico y entre todo.
Patadas y golpes me dieron, todo. Después como ellos decían que yo no colaboraba nada, ellos decían ‘hay que llevarlo, hay que eliminarlo de una vez, hay que liquidarlo’. Hablaban ahí porque yo estaba cerrado, no sabia quienes eran. Tampoco al ver no puedo identificar sus nombres. Entonces me llevaron así. Arrodíllate, me arrodille y ahí me tenían apuntando. Ahí me tenían por acá apuntándome en la cabeza, después me decían que el disparo no vale, mejor hay que cortar su cabeza con machete, no se que era me ponían acá. – Su mano asa por la parte de atrás de su cuello y un escalofrío le corre por los ojos, como si el solo pensar en ellos pusiese el filo contra su piel.
Me decían ‘¿Vas a hablar si o no? ¿Vas a hablar?’ si le digo, si les digo. Me preguntaban quiénes eran los dirigentes, quiénes fueron los que mataron. Pero como tampoco sabia nada, no les dije nada, ahí era que me golpeaban más, después de tanto eso, no se de repente me deje muerto y ahí me dejaron en un rincón. Ahí estuve en la oscuridad, ahí estuve…
La salida
- En eso después de hora y media o dos horas, ese mismo militar que me llevo de Kusu Chico hasta Estación 6 que me quería sacar, ese mismo llego y me empezó a desatar mis manos. Después mis vendas saco y me decía no te han castigado no te han maltratado, no decía no me han maltratado mas bien me han cuidado, me han hecho unas preguntas, a ya, ahorita ellos están alzados porque le han matado a sus compañeros, somos militares nosotros, no podemos actuar contra ti. Ellos son los policías son DINOES y a sus compañeros le han matado por eso te han hecho eso. Yo te quería sacar pero sabes que a ti te agarraron y te llevaron. Pero yo te voy a sacar ahorita.
El me saco, justo ahí suerte tenia una moto lineal estaba ahí parado. A ese señor le dicen llévele a este señor en su casa ahí me mandaron. Después llegue a mi comunidad en Kusu Chico llegue, ayer quería pasar ahí de frente pero tenia miedo, ese golpe que me dieron, de repente me podían identificar y me podían llevar mas allá, por eso mejor vine por Atocha y como no podía avanzar, estuve bien cansado, me quede hasta acá nomás, si hasta acá nomás quede.
Ahorita estoy queriendo hacerme tratamiento con plantas medicinales. Eso estoy esperando para más tardecito, a la hora de tarde se toma eso, temprano no vale, entonces estoy esperando, tengo esas plantas que el señor me va a colaborar, en eso estoy esperando para mi tratamiento.
Me han golpeado me han pateado y ahorita el dolor fuerte que tengo es acá en esta parte en el pecho, parece que esta un poco movido y no me deja respirar bien, mas bien estoy así, lo quiero abrir y no puedo y no se puede no puedo hasta en mis columnas porque me han hecho bastante mal…
Entrevista: Borja Llonin y Pablo López Baraibar
Fotografía: Pablo López Baraibar