El brillo de ayer…
Abra Pampa. Metal Huasi estaba en las afueras de Abra Pampa. Hacia allí circulaban las piedras sacadas desde dentro del socavón, en las minas de los alrededores. En su barriga las piedras se transformaban en valiosos metales: el plomo, pero también el oro y la plata, caían derretidos en sus hornos de fundición, la piedra rica goteaba las bandejas, y se iba fuera, muy lejos de allí, dejando sólo restos de roca muerta junto a los pies del pueblo solitario de la puna argentina. Desde enfrente de la plaza principal, la locomotora proseguía la lujuria del fuego, hasta desaparecer por el liso horizonte. Todos trabajaban de una u otra manera allí, la ciudad vivía dentro de ese horno. La ciudad ardía en la locura que el trabajo le sacaba a las profundidades del suelo, ese trabajo que se llevaba por las vías del tren la misma tierra, que luego quedaba vacía, como el pueblo, detrás de la locomotora.

La virgen del Cerro - Anónimo - Casa de la Moneda, Potosí
Potosí. El Cerro Rico era un cerro de plata, sus entrañas no dejaban de parir plata. En su lomo bastaba que un campesino encendiese un fuego contra el frío, para que toda la España vea su reflejo, y se enciendan sus ojos en busca del metal. El cerro rico, era inagotable, y en él morían agotados miles de indígenas que eran enterrados para que la medieval España se eleve en las aristócratas alturas de la Europa moderna. Sus venas dan lugar al despilfarro en toda la ciudad que se desparrama a sus pies. Los mejores artistas beben de sus ríos brillantes, y lo pintan con los colores del barroco americano, que se reflejan en arabescos hasta el cielo. Potosí es el centro de la tierra, y Europa gira en torno suyo. El Cerro Rico tiene todos los colores, y con todos estos colores pintan los mejores pintores sus laderas por el mundo.
…la pena de hoy
Abra Pampa. Metal Huasi está enclavado en medio de tres barrios populares. La fundición ya no funciona; un alambrado y unos carteles de peligro la separan de los barrios que la rodean. El plomo, que se caracteriza por resistir al tiempo, perdura silencioso. Diez mil toneladas de escoria de plomo y seiscientas de humo blanco, los desechos del gran horno que fue, habitan en el suelo, y diariamente vuelan suavemente con el viento que sopla hacia los barrios, que lo reciben como testigos de la tragedia. El tren ya no se lleva más que la imagen de sus vías muertas.
La desidia política hace el resto: la tierra plomiza de la fábrica se utilizó para el relleno sobre el que se construyó uno de los barrios aledaños de la fábrica, que la ironía le otorgó el nombre de 12 de octubre, lo que se hizo con el argumento de que “era más práctico usar esa tierra, porque estaba más cerca”. Las consecuencias no se hacen esperar, ya que según datos de la Universidad de Jujuy, hoy en Abra Pampa, el 81% de los chicos tiene plomo en la sangre. En Abra Pampa, ciudad de la puna, lugar seco, donde el viento sopla frío y árido, se seca lentamente la sangre. Metal Huasi es hoy el lugar donde todos los días mueren lentamente los hijos de los mineros que la minería mató arrebatadamente en las profundidades las décadas pasadas.
Potosí. El Cerro Rico es un cerro chato, pobre, herido. Túneles le comen sus entrañas y cooperativistas se disputan sus pedazos, minerales que en su momento fueron despreciados por su poco valor. Sin embargo en sus afueras una empresa resalta entre todas estas falsas cooperativas: Manquiri, y el Proyecto San Bartolomé. Manquiri, subsidiaria de la multinacional Coeur D´ Alene Mines Coorp., tiene en las laderas del cerro una de las mayores minas de extracción de lingotes de plata del mundo. Aprovechando los pallacos, sucus, desmontes y otros desperdicios que dejaron las extracciones anteriores, Manquiri extrae los lingotes de plata. El último soldado del ejército entra en la ciudad y abusa de la mujer ya muerta. Sin embargo aun hay lugar para que su disfrute no sea menor que el del primero: en los 14 años que se calcula que durará el proyecto San Bartolomé extraerá 153 millones de onzas de plata y se convertirá en la mayor explotación de este metal en todo el mundo.
Mientras tanto, los trabajadores viven las condiciones que se les impusieron siempre que el cerro tuvo algo que perder. Jornadas insalubres de 8hs más extras, regímenes de trabajo de 22×6 (22 días de trabajo corridos y 6 de descanso) con turnos rotativos a cambio de sueldos de 1540bs. (U$S 220). Sueldos que son 13 o 26 veces inferiores a las de los del personal jerárquico. Manquiri saca de los desechos la fuente de su riqueza, dejando solo la basura que es totalmente inutilizable, y una poblaci´n que sólo gana lo que necesita para sobrevivir hasta la próxima expltación del cerro. En 16 años, cuando la empresa se valla, los 300 trabajadores actuales se incorporarán a las cooperativas, y el cerro rico, no tendrá ni los desechos de aquello que le dieron su nombre.
Los colores que deja la mina. La acuarela derruida.
“Sabíamos jugar ahí, y era todo gris, porque despedía humo. Jugábamos a escondernos entre las defensas, a la guerrita, y el otro se tiraba al piso y se revolcaba”.
Mauricio Chaparro, sacado de “La puna Olvidada”, Clarín
“Recuerdo que en mi niñez el Cerro era un cono perfecto. Un hermoso cerro rojo, al sur de la ciudad. En los últimos cincuenta años se ha convertido en un cono envejecido, caído, destrozado.”
Abecia, sacado de “Potosí, lágrimas de plata”
Abra Pampa y Potosí son dos ciudades desteñidas. El plomo de Abra Pampa se mezcla con el viento y la arena opaca de la puna, secando las vidas de sus habitantes. De la plata de Potosí, no queda más que el gris en las paredes de los túneles de lo que fue el colorido centro del mundo.
La acuarela que estos lugares fueron, se pierde apenas en unos cuantos grises, blancos y negros. Los blancos se llevan el brillo, mientras la vida se va de negro… Por su parte, el gris perdura en el aire. El socavón ya no brilla, sólo vive de vetas muertas, extinguidas, extenuantes, extenuadas.
La minería, caprichoso Dios humano, mata ciudades ahí donde antes las hizo nacer del desierto como flores de cardón. La minería que supo traer colores a estos recónditos rincones deja cuando pasa solo la arena y los desechos. En su camino quedan los habitantes de estas ciudades, azotadas por la minería, este caprichoso y colérico Dios griego del partenon de la modernidad.
MUY BUEN ARTICULO…